Mensaje Político
Alejandro Lelo de Larrea
En el supermercado, en los bancos, en las aduanas, prácticamente en todos lados las personas con discapacidad tienen prioridad, como una forma en que la sociedad mínimamente compensa las dificultades que tienen para su vida cotidiana. La Ley lo garantiza.
Pero hay tristes y lamentables excepciones, como el caso del Congreso de la Ciudad de México, donde no se les dio preferencia, a pesar de que ahí se crean las leyes. Este martes, en el Palacio de Donceles, los legisladores entregaron 84 medallas al Mérito en diferentes disciplinas, actividades profesionales y causas sociales. En total 13 diferentes áreas.
Pero en vez de que la Medalla al Mérito en Defensa de los Derechos de las Personas con Discapacidad fuera la primera en entregarse para ser consecuente con la prioridad para este grupo poblacional vulnerable, el Congreso los mandó al duodécimo lugar de 13. Ya después de que protestaron, los bajaron al décimo lugar. Eso no impidió que tuvieran que esperar desde las 10 de la mañana hasta casi las 3 de la tarde qué les entregaron su reconocimiento. La paradoja es que los receptores del premio tampoco exigieron que les dieran la prioridad que les correspondía, al menos como acción afirmativa.
Otro tema en que les faltó sensibilidad política: aunque ninguna legislación establece que se les tiene que dar un trato prioritario, hubo quejas de la comunidad trans de que los dejaron, “como siempre, hasta el final”. La Medalla al Mérito por la Diversidad Sexual y de Género fue la última en entregarse. Nada habría costado a los diputados entregarla a media sesión o incluso en segundo o tercer lugar. Era una deferencia con un grupo poblacional que ha sido maltratado.
Las Medallas al Mérito que entrega el Congreso CDMX no son una ocurrencia. Lo establece la Ley Orgánica, aunque para fines prácticos ya esté rebasado el esquema. Tan es así, que los legisladores parecieron nada más cumplir con esa obligación, porque en un solo día empaquetaron la entrega de todos los reconocimientos, en una maratónica sesión en qué más de la mitad de los diputados hicieron la grosería de salirse del salón de plenos.
En algún momento, pasadas las 14:00 horas, fue evidente que no había quórum. No estaban presentes cuando menos 34 de los 66 diputados. El lamentable mensaje político que enviaron: ‘te invito a mi casa para darte un premio, pero no estoy presente’.
De ninguna manera está mal que el Congreso reconozca a la ciudadanía por sus aportaciones a la sociedad, pero es momento de revisar las categorías y cómo se definen, porque los presidentes de la respectiva Comisión, según la temática, aprovecharon para cumplir compromisos personales, con cuotas, con aliados políticos, con excolaboradores, lo mismo en el oficialismo que en la oposición.
El origen de estos reconocimientos fue en la VII Legislatura de la ALDF, allá en 2016, pero ni eran tantas áreas, ni tantos galardonados por área. Entregaban primero, segundo y tercer lugar, incluido un premio económico de 80 mil, 50 mil y 30 mil pesos, de manera respectiva. Eso se modificó en la Primera Legislatura del Congreso, en 2018, y se dejó de dar dinero, pero se amplió la base de los reconocimientos, lo que se ha convertido en muchos casos en una suerte de publirrelacionismo que banaliza los premios.
Sería muy importante que la actual Legislatura se hiciera cargo de la renovación del esquema de reconocimientos del Congreso a la población que, por su activismo o práctica profesional, hace aportaciones importantes a la comunidad, para que la próxima Legislatura aplique el nuevo modelo. No está fácil. Lo veremos.

