Glorieta de Colón
La jefa de Gobierno, Clara Brugada, fue determinante hace unos días que se reunió con diputados de Morena: si no quieren ver truncada su carrera política, no acudan a ninguno de los partidos del Mundial, ni en la Ciudad de México, ni en Monterrey o Guadalajara, y menos Canadá o Estados Unidos. A quien se le descubra que tuvo tal osadía, quedará fuera de cualquier candidatura el próximo año. Eso fue a los legisladores, que en estricto sentido no son sus empleados, pero sí sus subordinados políticos. A sus empleados, fue una instrucción, una prohibición: al que vaya al estadio, lo va a despedir, incluso si se trata de categoría titular de Secretaría. Y si alguien aceptara un boleto regalado, hasta en problemas se podría meter con la Contraloría. Ni modo, les tocó como al pueblo raso: mundial por televisión.
Reventa “oficial” de FIFA
La instrucción de Brugada no es meramente arbitraria, sino se sustenta en algo que le ha faltado mucho a destacados morenistas: congruencia. Y es que, la asistencia a los partidos del Mundial está considerado sólo al alcance de las súper élites, porque los boletos más baratos a precio oficial, eran de 19 mil pesos para los partidos de México en el Azteca, hasta los 250 mil pesos, según las tarifas de la FIFA. Pero a dos días de la inauguración, ya no es posible conseguirlos en esos precios. Ya solo hay de “reventa” legal, sí, aunque usted no lo crea, la FIFA tiene su sistema de revender para inflar los precios. En estricto sentido, la Ley de Espectáculos de la CDMX prohíbe la reventa, pero la FIFA es un poder supranacional y puede hacer lo que quiera durante un Mundial, incluso apropiarse de las calles aledañas al estadio Azteca y algunos sitios donde habrá sus “fanfest”. Así que, ilegal, ilegal, si usted tiene unos 250 mil pesos, puede conseguir un boleto para el último piso del estadio, en las esquinas de la zona de porterías. Así de barato.

